23/4/12

Angela Vissani Luzzi: recuperando la historia

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Ángela Teresa Vissani Luzzi, había nacido en el invierno de 18651 en Tolentino (Macerata, Marche), un pequeño pueblo de origen medieval próximo a la pintoresca región de Toscana, a mitad de camino entre la majestuosa Roma y el prístino Adriático.

Casi 150 años después, desde el otro lado del océano y a miles de kilómetros, Enrique Yarza Rovira, su tataranieto por línea materna, nos relata su historia. Una búsqueda que le demandó más de 20 años...


Es curiosa la historia de Ángela y el largo camino que tuve que recorrer hasta "descubrirla". Mi propia abuela, nieta de Ángela, nacida en el Riachuelo en 1915, nunca supo siquiera su nombre. Había conocido, sí, al abuelo Constantino (Constante para la familia) siendo muy pequeña:

un viejito italiano de ojos grandes y bien celestes, muy alto, que no hablaba español y que cantaba canciones en italiano. Además era muy pícaro. Había dejado a su mujer, “la inglesa” (sic, era irlandesa) y se había juntado con una mujer mucho más joven y había tenido un montón de hijos, todos en hilera, que eran menores que nosotras, sus nietas. Papá y mamá nos llevaban cada tanto tiempo en diligencia a visitarle. Vivía en una quinta en las afueras de San José....

Hasta aquí, los recuerdos de la abuela Irma. De Ángela, sólo sabía por su madre, que había muerto cuando ella era pequeña. ¿Qué fue de la familia de Ángela en Italia?2 Poco y nada pudo aportar la abuela en su momento. Su constante respuesta a los innumerables interrogantes siempre era: "en mis tiempos, los mayores no solían hablar con los niños y nosotros no nos animábamos a preguntar nada..."

1887. La partida.

Ángela tenía entonces 22 años. Sola su alma, un buen día emprendió, cual destino manifiesto, la gran aventura de su vida. La puedo imaginar cogiendo un baúl donde atesoró todos los utensilios necesarios para la nueva vida y los sagrados recuerdos de su tierra ancestral, a la que nunca más regresaría.

En Buenos Aires, la aguardaba su prometido, con quien construirían su propia familia, en aquellas lejanas tierras. En su lar quedaron sus padres, hermanos y demás seres queridos. Con inmensa congoja y sin mirar hacia atrás, emprendió el viaje en tren hacia el lugar de partida: la lejana y nunca visitada Génova. Allí abordaría su barco, el buque francés CANTÓN de la Compañía Nacional de Navegación de Marsella que, lenta e inexorablemente la llevaría a su destino.

Imagino la mezcla de sentimientos que la habrán acompañado a lo largo del viaje ultramarino: la nostalgia por su tierra natal, el último adiós de sus padres, hermanos y paisanos, la esperanza de sembrar una nueva vida en el Nuevo Mundo, la inmensidad de un océano que nunca había imaginado, los nervios de la tripulación al pasar por Castillos (Rocha, Uruguay) aquella zona de naufragios que había cobrado su fama como cementerio de los barcos, las zozobras y rezos a Dios y la Virgen para que le permitiera llegar a salvo.

Llegando al Cono Sur



Y la Providencia contempló sus ruegos. Su llegada al puerto de Buenos Aires se verificó el 8 de diciembre de 18873, un caluroso día del verano porteño. Constantino Forconi, su novio, la aguardaba con ansiedad. Era algunos años mayor que ella. Había nacido en Roma el 8 de enero de 1861, y ya siendo pequeño pasó con sus padres -Pacifico Forconi y Maria Cervini- a residir en Macerata. Dueño de una gran voluntad y fuerza para salir adelante, ejerció cuanto empleo manual tuvo posibilidad: desde jornalero, agricultor, picapedrero, albañil hasta carpintero. A nada hizo asco y lo que no sabía, lo aprendía.

De Argentina a Uruguay

Todo indica que los novios se trasladaron a la provincia argentina de Santa Fe, en las cercanías de Rosario4. Allí habrían contraído matrimonio a fines de 1887 o principios de 1888. Nunca pude ubicar la partida matrimonial, un documento que aclararía definitivamente el pueblo de origen de Constantino.5

Al parecer, las cosas no resultaron como lo habían planeado y, anhelando una mejor suerte, decidieron fijar su residencia en la vecina orilla: la antigua Banda Oriental, en ese momento país independiente llamado Estado Oriental del Uruguay. Y así fue. Eligieron para vivir uno de los mejores lugares, tanto por su historia como por la riqueza de su suelo: el departamento de Colonia.

Eligieron el paraje del Riachuelo para asentarse. Allí nació su primer hija, a la que llamaron Adelina, un 15 de septiembre de 1888, exactamente a los 9 meses y una semana del arribo de Ángela a América. Con el correr de los años, la familia seguiría creciendo: Juana María (1890), Leonor Haydée (1891, mi bisabuela, en la foto), Enrique Albino Constantino (1894) y finalmente Angela Amalia (1896).

El parto de Amalia no fue del todo feliz. Recordemos la falta de higiene y adelantos en materia de salud en esa época. Ángela no pudo reponerse de este último parto y falleció a los pocos meses. Finalizaba el invierno del año 1898. Tenía 33 años. Tal vez, sus últimos pensamientos habrán sido la incertidumbre acerca del futuro de sus pequeños hijos y la tristeza de no despedirse de sus padres, los ya ancianos Pacífico y Gertrudis que aún vivían en la provincia de Macerata y que aguardaban ansiosos noticias desde este lado del Atlántico. No puedo dejar de pensar en las últimas palabras que debió haber pronunciado mi tatarabuela, en el lecho de su humilde morada ese amanecer del 17 de septiembre previo a entregar su alma al creador.

Tras la partida de Ángela

Su viudo Constantino no podía criar solo a sus hijos y trabajar al mismo tiempo. Como era la costumbre en esa época, debió buscar una nueva compañera de ruta. Con ese fin, se casó con una irlandesa. No me imagino la convivencia entre un italiano con una irlandesa soltera y ya entrada en años, la que era llamada a criar los hijos de otra mujer. Por lo menos tenían en común la religión católica y el apego familiar de ambas colectividades. El matrimonio se registró en Colonia en febrero de 1900, a poco más de un año del deceso de Ángela.

Reflexiones

Me sorprende, no sé si a todos los colegas les pasará lo mismo, el desinterés cuasi total en nuestras primeras generaciones americanas por mantener viva la tradición de sus mayores, los inmigrantes. Desdén u olvido que las nuevas generaciones no estamos dispuestas a admitir. Y como bien dice el refrán: "lo que el hijo desea olvidar, el nieto desea recordar".

De Ángela, mi tatarabuela por línea materna, sólo pude recuperar estos fragmentados hitos biogenealógicos. Nada más queda: ni una anécdota, ni una foto. Todo se perdió en la noche de los tiempos. El recelo de nuestros mayores a trasmitir a las futuras generaciones las antecedencias de su linaje logró por fin su cometido: se llevaron a la tumba las vivencias y recuerdos que hubieran quedado de Ángela. Y como corolario para acompasar este silencio, ni siquiera pude ubicar su tumba en donde depositarle una flor. Empero, y gracias a estas pequeñas piezas encontradas de este gran rompecabezas hoy me enorgullezco de haber recuperado su historia, que es también la mía.


Autor: Enrique Yarza Rovira. Montevideo, Uruguay. Abril de 2012.



Notas
  • 1. Fue oleada el 15 de febrero de 1865 como hija legítima de Pacífico Vissani y Geltrude Luzzi. Dicho documento certifica que había nacido en Tolentino el 3 de febrero del mismo año a las 22 horas. Registro de Bautismo de la parroquia de San Catervó, Tolentino, volumen XVII pág. 107, número 45. Partida traída por mi tío Alberto Rovira Manzino.
  • 2. Lo único que pude rescatar, entre el olvido y la memoria de la tradición oral, fue que, en determinado momento, mandaron desde Italia a llamar a mi bisabuela Haydée para que cobrara una herencia que le pertenecía como hija de Ángela. Para ese entonces, mi bisabuela ya tenía numerosa prole y su marido, hombre autoritario como la mayoría de los “jefes de familia” en ese tiempo, no consintió que su mujer viajara sola a Italia a conocer a sus familiares y recibir la herencia que por justicia le correspondía. De esta forma se perdió todo posible vínculo con la familia originaria.
  • 3. El certificado de arribo en América obtenido en el Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (Buenos Aires, Argentina) anotó lo siguiente: “Angela Vissani, de nacionalidad italiana, procedente de Génova, llegó a Buenos Aires el 8 de diciembre de 1887 a bordo del buque Cantón. Su edad: 22 años, estado civil: soltera, de profesión jornalera y de religión católica".
  • 4. En Zaballa, a escasos kilómetros de Rosario de Santa Fe, vivió en las primeras décadas del siglo XX Nicolás Forconi, hermano de Constantino. Esta localidad, fundada en 1888, tuvo como componente poblacional gran cantidad de italianos. Es probable que Constantino y Ángela hayan vivido en este lugar o en sus inmediaciones.
  • 5. La búsqueda de este documento continúa. Cualquier persona que pueda arrojar algún dato al respecto, favor de comunicarse al correo personal de Enrique . Muchas gracias.



firma NotiGen

4 comentarios:

opina...

Hermosa y conmovedora historia, Enrrique.
Espero que muchos de nosotros, podamos algun dia ,escribir tambien la de nuestros ancestros.
Graciela Torlaschi.

Martin Juan Sarracena opina...

Excelente post.
Me quedé emocionado, imaginando también como fue la saga de mis própios antepasados.
Ojalá el autor pueda reunir más datos.

yama opina...

Enrique:
Me alegra mucho encontrar esta historia de tu familia. Te agradezco me hallas hecho llegar el link.
No solo es emocionante, sino que corresponde al momento de mayor migración del continente Europeo, entre las cuales se encuentran mi abuelo y mi madre.
Te enviaré mis datos reunídos.
Yama

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